jueves, 28 de julio de 2016

Pon un gofio en tu desayuno

Amig@s
Hoy no voy a daros una charla escrita sobre las exquisiteces del gofio. Hoy quiero hablaros de una odisea sobre la faz de La Palma. Ayer iniciamos un trekking que debía ser uno más. Salimos a las 7,30h. Acabamos a las 19,30h. Y pensareis "estos van de sobraos, listos, guapos y majos". Solo el primer calificativo se ha de considerar falso. Subimos el techo de la isla. Sube sin parar durante más de 6 horas. Eso sí, una vez arriba en la cima...¡ya no has de subir más! No quiero aburríos con mi inmaculado y desafecto lenguaje, pero fue penoso, como lo son siempre las subidas en la montaña. Y todavía quedaba la bajada...Eta más bien una montaña rusa, y con la calda que pegaba. Llegamos por fin al final y esto fue lo mejor: un refugio a 2000m, nadie más que nosotros y un cielo lleno de estrellas.
Al día siguiente pude ver las islas de Tenerife (con la silueta del Teide), La Gomera y El Hierro. Y entre ellas un mar de nubes. Oooooh, què bonic.
Pero todavía nos quedaba bajar. Y como íbamos perjudicados del día anterior decidimos coger un atajo y bajarnos  a la capital a "morir" en nuestra casa alquilada. Las ampollas hicieron acto de presencia en mi querida hermana y yo, que soy un caballero fuertote y cachas decidí no llevarle su pesada mochila para proteger mis delicados y quebradizos hombros. Al final acabamos felizmente comiendo un rico bacalao empalmado.
Total, que la vida mola más cuando menos tienes (material) y más tienes (que no haya que pagar, como la naturaleza)
Mi ampollada sister y yo estamos trabajando el concepto comodidad, que os invito a reflexionar. Voy a la montaña, me lleno de paz, naturaleza y relax. Me canso físicamente, pero me descanso interiormente.
Apa, salud emocional para todos.

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