El último dia. Pero en realidad no lo es. Siempre hay más camino por vivir. Una experiencia formidable estos días de treking por La Palma, conociendo gente "espectacular", como Clair de Holanda o Francisco de Sanlúcar de Barrameda, capaces de romper con su pasado "cómodo" (dinero, trabajo, estrés) o a jóvenes palmeros pluriempleados, como Pablo de Santo Domingo de Garafía o Carlos de Los Llanos de Aridane, personas que afortunadamente ya piensan de otra manera el mundo que vivimos.
Y yo me siento afortunado de haberlos conocido y de haber compartido experiencias, deseos y esperanzas futuras.
Siempre que voy a la montaña me da por recordar las canciones religiosas que de pequeño escuchaba en misa y que por algún defecto en mi cerebro se me han quedado guardadas en la memoria a largo plazo (" Seeeñor, me has mirado a los oooojos, sonrieeeendo has dicho mi nooombre...") También el estar rodeado de naturaleza, especialmente en larga y penosa pendiente ascendente me da por repetir en voz alta para desazón de mis acompañantes: "dolor, destrucción, desolación". Diría yo que se ha convertido en un ritual. Son las palabras mágicas que me recuerdan que caminar por montaña supone alejarse de ciertas comodidades que te plantea la vida. La comodidad, que palabra tan peligrosa por la que luchamos en ocasiones hasta lo impensable con tal de que forme parte de nuestra existencia de forma permanente. Pero cuando coexistes con la naturaleza, aunque sea por unas pocas horas, la comodidad se diluye, atraviesa el centro de tu existencia y se difumina poco a poco. Y es así cuando uno se da cuenta la clase de vida que lleva. Los lamentos a los que te acostumbras porque no tienes aspectos materiales (un coche) o inmateriales (si no tengo pareja soy un "desgraciadito" imperfecto)
Pues yo defiendo la incomodidad vital, vista como la huida de las muchas cosas que este superficial mundo nos bombardea. Debería ser una vuelta a los orígenes de nuestros ancestros. Hemos olvidado que con tan poco se puede tener tanto: generosidad, aceptación, sencillez, humildad, desapego, amor...Con todo esto y otros más siempre será posible tener menos comodidad y más felicidad, de eso no me cabe la menor duda.
Ah, y en septiembre de vuelta a La Palma, a por más "incomodidad vital".
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